Un documento fundacional de la frontera fluvial y pieza clave del silencio histórico
Firmado el 15 de abril de 1858, el Tratado Cañas–Jerez es un
El tratado define que:
- El San Juan pertenece a Nicaragua,
- pero Costa Rica conserva derechos perpetuos de navegación con fines comerciales,
- y posee soberanía plena sobre el margen derecho del río en buena parte de su recorrido.
Aunque en apariencia este acuerdo resolvió una disputa histórica, en realidad abrió una larga serie de interpretaciones, tensiones y arbitrajes que se prolongarían durante más de un siglo. Su aplicación nunca ha sido simple, porque cada artículo refleja el peso de intereses geopolíticos del siglo XIX, cuando el tránsito interoceánico era uno de los puntos más estratégicos del hemisferio.
Relevancia dentro de la trilogía Las Aguas del Olvido
En el marco de la trilogía, el Tratado Cañas–Jerez ocupa un lugar central porque se firmó tan solo un año después de la Campaña de Tránsito (1856–1857), pero sin mencionar ni utilizar en ningún punto el antecedente militar más contundente que Costa Rica tuvo para negociar: la captura de los vapores, el dominio logístico del río y la victoria fluvial del mayor Máximo Blanco.
Esta omisión constituye uno de los ejes temáticos de la obra:
1. El tratado consagra una frontera, pero ignora la victoria militar que la hizo posible.
El peso estratégico de la Campaña de Tránsito fue determinante para asegurar un margen de negociación favorable. Aun así, su ausencia en el texto revela una decisión política de borrar ese capítulo para ajustar el relato histórico a intereses internos.
2. El silencio documental del tratado se convierte en un precedente.
Años después, los argumentos jurídicos derivados de Cañas–Jerez fueron usados en litigios internacionales (como el Laudo Cleveland de 1888 y más tarde en La Haya). Pero debido a que la Campaña de Tránsito no se incorporó al corpus documental original, Costa Rica entró en el siglo XX y XXI con un vacío estratégico en su propia memoria legal.
3. Este vacío histórico favoreció una lectura incompleta de los derechos soberanos.
La trilogía sostiene que el olvido del aporte costarricense en el San Juan generó un “espacio muerto” en la interpretación de los tratados, afectando la narrativa nacional y debilitando, de forma indirecta, la posición costarricense en litigios posteriores relacionados con navegación, soberanía y límites territoriales.
Por ello, el Tratado Cañas–Jerez no es solo un documento jurídico:
es la primera piedra del largo silencio que los