Aquella operación —por su precisión logística, dominio territorial y control de la arteria estratégica del continente— alteró el rumbo de la guerra en Nicaragua y cerró el paso a la expansión esclavista hacia Centroamérica y México.
Sin embargo, ese triunfo extraordinario no fue convertido en símbolo nacional.
Fue silenciado, recortado, desplazado a los márgenes de la historia oficial.
Y no por descuido.
La trilogía Las Aguas del Olvido nace de este misterio y lo explica paso a paso.
I. El origen: una victoria borrada
Este volumen recupera, con rigor documental y narrativa histórica, el momento en que Blanco y sus hombres lograron algo inconcebible: controlar un corredor interoceánico a sangre y barro con apenas doscientos soldados enfermos, hambrientos y sin apoyo logístico.
Pero la victoria tuvo un precio político inesperado.
El ascenso militar y simbólico de Blanco incomodó a facciones dentro del gobierno de Mora y a sectores de poder asociados a intereses com
Ese primer silencio —nacido del conflicto político interno— sería solo el comienzo.
II. El mecanismo del olvido: una decisión de Estado
Durante las décadas posteriores, conforme Costa Rica negoció, defendió y reinterpretó sus derechos limítrofes sobre el San Juan, la memoria de la campaña fluvial se volvió un peso político incómodo.
Entre 1858 y 1916, en los distintos episodios legales del Tratado Cañas–Jerez, el Laudo Cleveland, los litigios sobre navegación, soberanía y uso del río, y la disputa sobre las márgenes, la existencia de una campaña militar victoriosa en territorio nicaragüense —y particularmente su éxito estratégico sobre la ruta interoceánica— no fue utilizada, mencionada ni reivindicada.
Se convirtió en un espacio muerto dentro del expediente histórico del país.
La llegada de la Segunda República no rompió este vacío; lo consolidó.
La nueva identidad “cívica y pacífica” del Estado costarricense prefirió una historia sin cultura militar, sin campañas victoriosas, sin comandantes incómodos.
El resultado fue una desconexión estructural entre la historia real del San Juan y la diplomacia costarricense durante más de un siglo.
III. La frontera del agua: litigios y oportunidades perdidas
Los litigios de Isla Calero, la controversi
el dominio efectivo del San Juan en 1856–1857.
Al omitir esta campaña decisiva en la construcción de su posición jurídica, Costa Rica ha dejado sobre la mesa un conjunto de argumentos históricos que, utilizados correctamente, podrían haber reforzado su narrativa soberana durante los arbitramentos del siglo XIX, los litigios del siglo XX y la defensa internacional del siglo XXI.
Durante 150 años, el país ha defendido el río sin contar su verdadera historia.
IV. La recuperación: memoria, geopolítica y futuro
La trilogía completa propone un horizonte más amplio:
rescatar la historia no solo para corregir el pasado, sino para orientar el futuro.
El mundo se encuentra hoy en un proceso acelerado de reconfiguración de rutas marítimas, alianzas regionales y proyectos interoceánicos impulsados por nuevas hegemonías.
En ese contexto, el Caribe, Centroamérica y el San Juan vuelven a ser piezas estratégicas.
Para Costa Rica, actualizar su memoria sobre la campaña fluvial, comprender el significado geopolítico del San Juan y reconocer la figura de Máximo Blanco no es un acto de nostalgia:
es una herramienta para participar —con voz propia y fundamentos históricos— en los debates sobre infraestructura, conectividad y corredores del siglo XXI.
Conclusión
Las Aguas del Olvido es más que una trilogía literaria.
Es un proyecto de reconstrucción histórica, una herramienta de memoria pública y un intento por devolver a Costa Rica un capítulo esencial de su identidad territorial.
Desde la épica silenciosa de la Columna de Vanguardia hasta los litigios contemporáneos de La Haya, pasando por los tratados, la diplomacia y el vacío narrativo construido por más de un siglo, esta trilogía revela un hilo conductor claro:
Cuando un país renuncia a su memoria, renuncia a parte de su soberanía.
Cuando la recupera, vuelve a tener futuro.