Durante más de un siglo, el Río San Juan ha sido analizado casi exclusivamente desde el derecho
Entre 1856 y 1857, durante la llamada Campaña de Tránsito, Costa Rica demostró —en condiciones extremas— que el control del San Juan equivalía al control del principal eje logístico interoceánico del hemisferio occidental. La captura de nueve vapores, el bloqueo de la Ruta del Tránsito y la paralización de la logística filibustera no fueron solo una victoria militar: fueron una demostración práctica de soberanía funcional sobre un corredor estratégico global.
Ese precedente nunca volvió a ser incorporado de forma sistemática en la estrategia jurídica, diplomática ni económica del país.
El vacío estratégico
Desde finales del siglo XIX, y con mayor intensidad durante el siglo XX, Costa Rica abordó el San Juan casi exclusivamente como un problema jurídico-defensivo. Los tratados, laudos y sentencias posteriores —Cañas-Jerez, Cleveland, Alexander, La Haya— se negociaron sin integrar plenamente el antecedente histórico de control efectivo del corredor.
El resultado ha sido un vacío estratégico:
un país que posee derechos históricos, operativos y geopolíticos probados, pero que negocia como si careciera de ellos.
Mientras tanto, otros actores —estatales y privados— han comprendido que los corredores interoceánicos no son solo canales de agua, sino infraestructura geopolítica crítica, capaz de redefinir flujos comerciales, alianzas regionales y proyección de poder.
El siglo XXI: nuevos jugadores, mismas rutas
El mundo que emerge en el siglo XXI vuelve a mirar a Centroamérica como un espacio clave de conexión interoceánica. China, Estados Unidos, Europa y consorcios privados evalúan rutas, alternativas logísticas y plataformas de integración regional.
En ese contexto, el San Juan reaparece como una variable silenciosa pero decisiva.
No se trata necesariamente de replicar modelos del pasado ni de construir megainfraestructuras inviables, sino de reconstruir una narrativa estratégica coherente que permita:
- Revalorizar el corredor histórico del San Juan.
- Integrar memoria, derecho y geopolítica en un mismo discurso.
- Presentar a Costa Rica como actor con profundidad histórica y visión de largo plazo.
- Corregir décadas de negociación fragmentada y reactiva.
Sin memoria estratégica, no hay soberanía efectiva.
Sin soberanía narrativa, no hay negociación sólida.
La trilogía como marco de recuperación
La trilogía Las Aguas del Olvido propone precisamente ese recorrido:
- Las Aguas Amargas del San Juan reconstruye el hecho fundacional: la demostración histórica de control del corredor.
- Aguas Silenciadas expone cómo y por qué ese precedente fue deliberadamente excluido del relato nacional y jurídico.
- La Frontera del Agua (título provisional) analizará cómo esa exclusión ha condicionado tratados, laudos y oportunidades perdidas… y cómo podría revertirse en un nuevo contexto global.
Este no es un proyecto literario aislado.
Es una relectura estratégica del pasado para reabrir posibilidades futuras.
Mirar el río de nuevo
Las grandes decisiones de infraestructura y geopolítica rara vez se toman desde cero. Se apoyan en precedentes, legitimidades históricas y narrativas de largo aliento.
Costa Rica posee una de esas narrativas —probada, documentada y olvidada— en el Río San Juan.
Recuperarla no garantiza automáticamente ventajas económicas o diplomáticas.
Pero no recuperarla garantiza seguir negociando desde una posición incompleta.
En un mundo donde las rutas vuelven a definir el poder, el olvido ya no es una opción estratégica.